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No más areneros en las plazas porteñas

De acuerdo a la política del gobierno actual, teniendo en cuenta los estudios que confirman que los areneros son un foco de contaminación para los niños, determinaron la modificación de los espacios de juegos para niños. Ya no se verán más juegos en espacios areneros, sino que las bases del sector son baldosones de goma.
De esta forma, los niños podrán jugar en un espacio mucho  más higiénico que los espacios anteriores. Todos los espacios fueron o están siendo modificados.

Un nene construyendo un castillo en la arena de una parque o plaza es una escena en extinción. El Ministerio de Ambiente y Espacio Público porteño reemplazó los últimos 29 grandes areneros de la Ciudad por espacios de juego con baldosones de goma negros y multicolores.

Los areneros siempre generaron polémica en plazas y parques. En Buenos Aires su eliminación se discute desde principios de los 2000, cuando se inició una primera sustitución. Distintos estudios, en especial uno hecho en 2010 por la Cátedra de Parasitología General de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, determinó que el 100 por ciento de los que había en la Ciudad estaban contaminados con el parásito Toxocara canis, presente en las heces de perro y gato. El parásito, que se transmite a personas, puede pro- vocar ceguera o problemas cutáneos y hepáticos. En especial, entre los más chicos quienes, dentro de estos espacios, están más tiempo cerca del piso y suelen llevarse las manos a la boca.

En la Ciudad hay 418 patios de juegos en plazas y parques. Como parte del plan de recuperación del Ministerio se hicieron obras en casi 500 hectáreas de predios públicos. “Además del reemplazo de los areneros por baldosones antigolpe, más fáciles de lavar y de mantener, se renovaron los juegos con estructuras más seguras e integradoras”, dice el ministro Eduardo Macchiavelli. Las comunas también tienen a su cargo otras plazas, ahí aún hay sobrevivientes: alrededor de 60 cuadrados de arena integrados entre suelos de goma o caucho. Pero el recambio empezó y entre las generaciones la brecha no sólo será tecnológica, sino también entre aquellos que crecieron entre baldes y rastrillos y quienes no.

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